SU ESTRÉS ¿MI INTERÉS?

Por Nazire Ruíz Alpuche

Como empresarios, claramente podemos darnos cuenta de aquellas actitudes de nuestros colabores que denotan una acumulación de estrés, ya sea por su forma de dirigirse a otros, por el tono que utiliza incluso en sus correos electrónicos o la manera de resolver las situaciones. 

 

Cuando observamos a colaboradores con indicios de alto estrés podemos tomar dos posibles posiciones: 

 

  • Ignorarlo. Porque al cabo cada individuo es responsable de su propia salud física, mental y emocional y si la persona no hace nada para cuidarse, nadie más tendría que ser responsable de algo que para él no representa un interés o quiere poner cartas en el asunto. 

 

  • Actuar. Si la empresa es parte del problema de la acumulación de estrés, también podemos ser parte de la solución.

identificar el detonante es clave para el manejo del estrés

La primera es una actitud desinteresada hacia las personas que contribuyen a conseguir los objetivos de una empresa. Personas que tal vez en su devenir del día a día, y en una falta de conocimiento propio (no importa la edad), no ha conseguido canalizar adecuadamente su estrés para minimizarlo, no para lidiar con él. 

 

A diferentes niveles de la organización todas las personas se ven envueltas en diferentes situaciones de estrés que pudiera ser normal o anormal. En un mundo ideal no existiría el estrés, existiría una clara visión de lograr una meta acompañada de retos. Pero en el mundo real, el estrés forma parte de casi cualquier actividad que conlleve una responsabilidad, en mayor o menor grado.

 

Es por eso que es necesario distinguir entre un estrés “normal”, que fue el último expuesto; y un estrés anormal. El estrés anormal es el resultado de una sensación de incapacidad para resolver las responsabilidades recibidas; en la mayoría de los casos, acumuladas a lo largo del tiempo.

 

Si bien el origen de este estrés se detona en el individuo, es importante que nosotros como organización podamos distinguir el posible detonador, en lo que a la empresa atañe. Puede ir desde una falta de claridad en los objetivos o prioridades, hasta en las condiciones de trabajo.

En la correcta dimensión de las cosas, no se trata de apapacharlos, sino de ser equitativos. Adecuadas condiciones de trabajo, adecuado trabajo. Excelentes condiciones de trabajo, excelente trabajo. Esto no aplica para los colaboradores que por azares del destino o por un incorrecto proceso de reclutamiento y selección, y aún con las mejores condiciones terminan perjudicando más que ayudando.

 

Lo conducente en estos casos es dejarlos ir. Tenemos que enfocarnos en las personas valiosas, responsables y comprometidas. Algunos empresarios nunca dejaremos de demandar la exigencia colectiva de tareas que todas eran “para ayer”; cuando no nos damos cuenta de que contar con un enfoque preciso con Tiempos y Metas específicas sobre su realización, pueden hacer más productivos a los colaboradores e inclusive, dejar mucho más claro los objetivos para el momento de la medición de desempeño.

 

Como empresarios, terminamos reflejando en la empresa nuestras propias deficiencias de falta de organización, de estrategias y planeación para la consecución de metas de maneras más eficientes y productivas.

 

Mucho se ha dicho que un empleado feliz, es un empleado productivo. También muchas veces se ha puesto ese concepto en saco roto dando por un hecho que como en el punto 1 (ignorarlo), cada quien debe ser capaz de lidiar con su propio estrés y ver por sí mismo.

 

¿Y si en lugar de solo ver por sí mismo, también fuera capaz de ver por el crecimiento de la empresa? ¿Por hacer lo necesario para que la empresa sea puntera en el mercado? ¿Por hacer más eficientes los costos?

No dejemos de ocuparnos, en la medida de nuestras posibilidades, en ayudar a los colaboradores determinando y proporcionando herramientas de liberación de estrés. En un mundo de personalidades y carismas seguro podemos encontrar algo que como empresa podamos llevar a cabo para ayudarnos. La base será realizar aquello que el individuo (grupo) quiera o desee.

 

En el momento en que se convierta en una imposición, aunque sea por una buena razón o peor aún, quitándole tiempo de su vida privada, dejará de cumplirse el objetivo. No tiene porqué implicar un costo, que nuestra imaginación, creatividad y liderazgo como empresarios en el sentido de colaboración sea el límite, al cabo es lo mismo que pedimos, ¿o no?